Egalia: una escuela infantil para la igualdad de género.

Cuando Lotta Rajalin, fundadora de la cadena de escuelas infantiles Maria Gamla entre las que se encuentra la Escuela ‘Egalia’, trata de explicar la pedagogía sensible al género que aplican en estos centros educativos lo resume de esta manera: es una cuestión de democracia. Hay una idea que se repite a menudo: “educamos para todo el espectro de la vida“, es decir, educan para que el género (pero también otras variables como etnia y clase) de las y los niños no defina lo que pueden ser, querer, sentir, soñar o desear. Para que cualquiera de ellas y ellos pueda desarrollar sus capacidades y aspirar a iguales oportunidades. Se trata, en definitiva, de contrarrestar los mandatos de género (1) socialmente impuestos tratando de educar personas un poco más libres. Efectivamente, si la democracia tiene que ver con el derecho a decidir y controlar aquello que afecta a nuestras vidas tratar de eliminar discriminaciones de género, orientación sexual, etnia y clase contribuye a educar una ciudadanía más crítica y consciente.

Rajalin lo explica dibujando un círculo que divide por la mitad: a las chicas les asignamos unos colores, ropas, emociones, características y actividades propias; a los chicos otras. La pedagogía de estas escuelas trata de borrar esa separación para permitir que cada cual escoja libremente lo que desea.

circulo.png
Esquema utilizado por Lotta Rajalin en la charla de TEDx: Gender-neutral pre-school: something for my kid?

Esta idea tan básica, que debería ser el día a día de cualquier proyecto educativo contemporáneo, ha levantado polémicas (a menudo basadas en premisas erróneas y azuzadas artificialmente por los medios): educar a niñas y niños “sin género” sólo genera confusión – dicen. La “locura del género” que trata de “controlar la mente” de las y los menores les confunde y no les prepara para el mundo real ¿Qué será de ellas y ellos cuando salgan al exterior y descubran que está lleno de chicos y chicas que se comportan como tales?

En realidad estas críticas carecen de rigor. Basta con visitar la escuela Egalia en Estocolmo para alejarse de falsos debates y observar la puesta en práctica de un enfoque coeducativo (2) que busca, sencillamente, educar en igualdad.

DSC01163.JPG
Sala de “construcciones”

La llamada “pedagogía del género neutro”

Quizás una de las primeras aclaraciones necesarias es la del enfoque pedagógico que se aplica en esta escuela. A menudos los medios de comunicación (desde la BBC a El País) se han referido a Egalia como una escuela de “género neutro”, dando a entender que se educa a niñas y niños “sin género”, como si tal cosa fuera posible.

Para aterrizar aquello de lo que hablamos recordemos de forma muy simple algunos conceptos básicos:

  • Llamamos sexo al conjunto de aspectos biológicos (genitales, caracteres sexuales secundarios, cromosomas) que caracterizan a una persona. La mayoría de los seres humanos, desde el punto de vista sexual, son machos o hembras; si bien un porcentaje de la población es intersexual (biológicamente no se adscribe a ninguna de las dos categorías).
  • Llamamos género al conjunto de características socioculturales que definen lo masculino y lo femenino (qué está permitido y qué no, cómo debes vestir, qué colores deben gustarte y cuáles no, cómo debes comportarte/relacionarte, qué profesiones debes desarrollar, etc. En otras palabras: qué debes ser, sentir, soñar, querer, desear en función de si eres chica o chico).
  • Llamamos sistema sexo-género al constructo social que vincula sexo y género tratando de naturalizarlo, es decir, tratando de equiparar la diferencia biológica y la cultural, como si todo fuera innato y nada aprendido. El sistema sexo-género establece una continuidad entre el sexo y el género. Para que nos entendamos: si nacemos con vagina nos dice que juguemos con muñecas y no seamos mandonas; si nacemos con pene nos dice que juguemos al fútbol y no seamos lloricas. Básicamente divide y jerarquiza: hay dos cajas (azul y rosa) y una es mejor que la otra (si eres niña no debes ser un chicote pero, sobre todo, y mucho más importante, si eres niño no debes hacer cosas de niña. Utilizando un ejemplo de Rajalin: una niña puede escoger una bici negra, pero es más difícil que un niño escoja una bici rosa). Desde que nacemos nos encierran en una de ellas, y nos limitan: nos asignan una mitad del círculo (3).
  • El feminismo se ha preocupado siempre por tratar de desvincular el sexo del género. Cuando Simone de Beauvoir escribió la célebre frase en la que decía que la mujer no nace, sino que se hace, se refería a la construcción social del género: nacemos con una determinada condición biológica, pero “lo femenino” y “lo masculino” son aprendizajes sociales; las mujeres no nacen con el gen de la limpieza del hogar y los niños no nacen con el gen de “lo que sea menos parecer una nenaza”. Esto se aprende, de muchísimas maneras. El feminismo siempre ha querido desvincular nuestra biología y nuestro destino: que nuestro sexo no determine aquello que queramos ser, sentir, soñar, querer y desear. Es importante reparar en una obviedad: el feminismo se empeña en esta tarea porque la realidad es otra. Tal y como señalábamos más arriba, el sistema sexo-género fabrica y refuerza estereotipos y roles de género constantemente. El feminismo hace visible ese sistema y trata de contrarrestarlo.
  • Llamamos orientación sexual a la “dirección” que toma nuestro deseo sexual (podemos ser heterosexuales, homosexuales, bisexuales, etc.). Nuestra sociedad es heteronormativa: damos por hecho que lo “normal” es ser heterosexual.

Así pues, y retomando la cuestión del nombre, la llamada pedagogía del “género neutro” no es una pedagogía sin género, sino una pedagogía sin estereotipos de género. Es una educación que presta atención a la cantidad de mensajes sexistas conscientes e inconscientes que lanzamos permanentemente a nuestras niñas y niños para tratar de contrarrestarlos. Se trata de tomar conciencia del problema que apunta Elena Simón Rodríguez: “La escuela no es creadora de desigualdad, pero la alimenta, la hace crecer y la reproduce por inercia al no actuar en otra dirección”.

Personalmente diría que es, sencillamente, pedagogía feminista, pedagogía igualitaria. Se trata de algo tan sencillo como permitir que, si quieren, los niños puedan llorar y las niñas puedan liderar (por poner un ejemplo fácil de entender).  Se trata, además, de una pedagogía de la diversidad, que trata de poner en valor la diversidad sexual, étnica, funcional, etc.

20170605_123303.jpg
Un cuadro en el pasillo de la escuela reflejando la diversidad familiar, colgado a la altura de las y los peques.

¿Cómo funciona la Escuela?

El espacio

Tuve la suerte de visitar Egalia en junio de 2017, donde me recibió la coordinadora Ana Rodrígez, una maestra española afincada en Estocolmo. Esta escuela forma parte de un grupo de cinco centros infantiles (Egalia, Mullvadens Förskola, Nicolaigarden, Spira y Södermalms Montessoriförskola) gestionados por la misma Directora: Lotta Rajalin. Los cinco son públicos de gestión privada, como ocurre con gran parte de los servicios en Suecia.

Egalia está situada en el barrio de Södermalm, en un bloque con zona ajardinada. Lo primero que llama la atención es el espacio: dos plantas muy amplias, con al menos 12 espacios diferenciados cada una de ellas. En la planta baja está el primer ciclo ( de 1 a 3) y en la planta alta el segundo ciclo (de 3 a 6).  La segunda cosa que llama atención es la ratio: 7 niñ@s por educador/a en segundo ciclo; 5 niñ@s por educador/a en primer ciclo. En cuanto al horario la hora de entrada a la escuela es entre 6,30 am y 9 am, la salida  de 15 pm a 17,30 pm. Cada familia decide cuándo entrar y salir dentro de ese rango, aunque desde la escuela se les pide regularidad.

Hay cantidad de espacios diferentes en ambos pisos, y muchos de ellos se van modificando. La semana que estuve allí acababan de transformar una sala cercana a la entrada y habían situado allí los juegos simbólicos. Ana explicaba que a menudo la modificación de espacios contribuye a modificar conductas. Por ejemplo: durante un tiempo hubo un grupo de niños que jugaban obsesivamente con las piezas de construcción. El equipo educativo decidió sacar de su alcance las piezas y en poco tiempo comenzaron a usar más el atelier. Cómo se distribuyen los espacios y qué cosas están al alcance de las y los pequeños es un aspecto central.

DSC01261.JPG
El atelier
20170605_124731.jpg
La zona de entrada
DSC01160.JPG
La zona exterior, en la planta baja.
DSC01250.JPG
Sala multiusos preparada para la hora de siesta
DSC01210.JPG
Biblioteca de primer ciclo, en el piso de abajo
DSC01165.JPG
Biblioteca de segundo ciclo, en el piso superior

La perspectiva de género y la atención a la diversidad

El equipo educativo es amplio y diverso, y lo es porque la jefa considera que es clave que entre las y los educadoras/es existan diferentes puntos de vista. Las vías de acceso y los requisitos formativos son variadas. Según explicaba Ana a tod@s se les pedía formación o al menos cierta sensibilidad en cuestiones de género y derechos LGTBI.

DSC01182.JPG
Foto del equipo educativo en la zona de entrada, junto a carteles que indican cómo decir “amiga” en las diferentes lenguas que están presentes en la escuela

 

De hecho, esta es en realidad la clave de todo según Ana: contar con equipo educativo consciente de las desigualdades de género que trata de no reproducir estereotipos y mediar cuando surgen conflictos. Así de simple y complicado al mismo tiempo. Así, esa demonizada “pedagogía sin género” se convierte en algo mucho más normal: consiste en permanecer atentas/os para tratar de evitar las creencias y conductas discriminatorias. Ella explicaba que el día a día es como el de cualquier otra escuela, simplemente se trata de cuidar los detalles.

Desde el feminismo el curriculum oculto se ha definido como el conjunto de aprendizajes de género que se adquieren en centros escolares aunque no forman parte del curriculum oficial, a menudo trasmitidos sin intención explícita. Por ejemplo, cuando la maestra le dice a una niña lo guapa que está con su vestido nuevo y al niño le dice que sea valiente y no llore está educando, probablemente sin saberlo e incluso con la mejor de sus intenciones, en la desigualdad. Está educando a una niña preocupada por su aspecto físico como algo prioritario y a un niño que ha de ocultar sus emociones para no ser rechazado. El curriculum oculto se perpetúa a través de diferentes mecanismos: el lenguaje que utilizamos, la diferente ocupación del espacio por parte de niñas y niños, las diferentes expectativas que las y los educadores volcamos en el alumnado, lo que reforzamos, lo que castigamos… Ana pone un ejemplo: en Egalia tratan de no valorar el aspecto físico o la forma de vestir. Si una niña viene con un nuevo corte de pelo no le dicen lo guapa que está, sino que le preguntan por otros aspectos: “¿Te cortaron el pelo con tijeras?”.

¿Cómo evitamos esta reproducción involuntaria de estereotipos? No hay una receta mágica, pero se basa en dos premisas: tomar conciencia (todas y todos hemos sido educad@s en esta cultura y tod@s reproducimos estereotipos) y permanecer alerta (es necesario observar, detectar y modificar esas conductas). Ana me explicaba que simplemente tratan de ir gestionando las situaciones que se van dando, comentándolas en equipo cuando aparecen para ver si el tratamiento ha sido adecuado o no y cómo mejorarlo en el futuro. De nuevo así de simple y complejo al mismo tiempo.

Tratan de proponer actividades en las que todo el mundo se involucre, independientemente de su género. Por ejemplo, en el piso de abajo tienen las faldas de danza: de vez en cuando toca poner música, todo el mundo elige su “tutú” y baila. No son faldas de chica, son faldas para bailar.

DSC01205.JPG
Faldas para bailar
DSC01170.JPG
Muñecos de género neutro para el trabajo de las emociones a través del teatro

La escuela está certificada por el RSFL, la Federación Sueca para Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero y Queer. Esta certificación se otorga a empresas (educativas o no) que está comprometidas con prácticas anti discriminatorias y la promoción de la igualdad. Los colores LGTBI están muy presentes en la escuela.

20170605_111959.jpg
Mesa de luz y bandera LGTBI en la sala de construcciones

El lenguaje y los cuentos

Uno de los aspectos clave en Egalia es el lenguaje. En Suecia existe un pronombre neutro (hen) oficialmente aceptado desde 2005: “La palabra fue introducida por el movimiento feminista hace algunas décadas y sirve para referirse a una persona sin necesidad de especificar si es hombre o mujer, ya sea por ser éste un dato que se desconoce o porque saberlo es simplemente irrelevante. Hen también se puede utilizar para hablar de las personas transexuales o aquellas que no se identifican con ninguno de los dos géneros”.

En la escuela utilizan este pronombre, para evitar en la medida de lo posible las marcas de género a través del lenguaje. Ana cuenta una anécdota en este sentido. Estaban trabajando un proyecto en torno a la construcción de cabañas, y ella propuso a las y los niños invitar a una amiga suya, una arquitecta, para que les explicara cómo se construían las casas. La pregunta que lanzaron l@s niñ@s puede sorprendernos: le preguntaron por qué había dicho “ella” en lugar de usar el pronombre neutro. Ana les dijo que era una chica y ell@s le contestaron: “¿Se lo has preguntado?”. Llamamos identidad de género a la percepción subjetiva que cada cual tiene con respecto a su género, es decir, al género con el que cada persona se identifica. Para algun@s niñ@s de Egalia esta parece ser una idea interiorizada.

DSC01175.JPG
El proyecto de las cabañas

Otra anécdota ilustra esta idea. En la escuela los baños son mixtos. Un día un grupo de niños decidió hacer un baño para chicos y se pusieron a pintar el cartel para indicarlo. La maestra les permitió seguir haciéndolo, pero comenzó a preguntarles: ¿Cómo iba a funcionar? ¿Quién podía entrar? ¿Quiénes eran los niños? Uno de ellos dijo que, a veces, se sentía más niña que niño. Al final decidieron no poner el cartel. A menudo la tarea de las y los educadores consiste en mediar y tratar de reconducir ciertas conductas. En las aulas de Egalia también hay comentarios y conductas sexistas/homófobas/racistas; se trata de intentar trabajarlas de forma consciente. El alumnado y las familias de la escuela son diversas; algunas eligen Egalia precisamente por su enfoque pedagógico, otras acuden allí simplemente por proximidad.

DSC01216.JPG
Señalización del baño. A la altura de l@s peques.

A través de los cuentos se entiende bien la forma de trabajar el género que tienen en Egalia, que para nada tiene que ver con educar niñ@s confus@s que después se enfrentarán a una sociedad extraña en la que hay niñas y niños.  En las dos salas de lectura de la escuela los cuentos están cuidadosamente seleccionados: todos aquellos libros que están al alcance han sido revisados por el equipo educativo y “certificados” como no reproductores de estereotipos (algunos les generan dudas, dice Ana, no siempre es fácil). Tratan de hacer una selección de cuentos coeducativos que son no sexistas, no racistas, no clasistas y no heteronormativos.

DSC01246
Cuento sobre profesiones

 

 

DSC01242
Cuento sobre diferentes modelos familiares
DSC01235.JPG
Biografía de Ella Fitzgerrald
DSC01237.JPG
Un cuento que refleja la diversdiad familiar
DSC01207.JPG
Las banderas indican todas las lenguas que están presentes en la escuela. La idea es contar con materiales en todos esos idiomas.

En la biblioteca, además, hay otros cuentos: están en una leja alta, sólo al alcance de personas adultas. Se trata de cuentos clásicos y otros libros que no pasan “el filtro” de género ¿Por qué están allí? Porque existen y forman parte de la cultura y la tradición. Esos cuentos se leen con l@s niñ@s, y se aprovecha la ocasión para explicarles que todavía hay mucha gente que cree que las niñas deben ser princesas y los niños guerreros. No se trata de aislarles de la realidad, sino de que aprendan a mirarla con ojo crítico.

DSC01256.JPG
La biblioteca de segundo ciclo, en el piso superior

 

Trabajo por proyectos y libre circulación

En Egalia hay libre circulación: en general las y los niños pueden decidir a qué sala van y qué actividad desarrollan. El día suele abrirse con un círculo: se sientan y hablan durante un rato. Después, el día se va desarrollando en función de cómo respondan. Suele haber alguna actividad dirigida (uno de los días que estuve allí, por ejemplo, después de la merienda hubo “discoteca”). Aún así, si alguien prefiere dedicarse a otra cosa durante ese rato, puede hacerlo.

Se trabaja mediante el aprendizaje basado en proyectos. A partir de los intereses que aparecen en el aula han ido desarrollando diferentes iniciativas: construcciones, audiovisuales, Malala, medio ambiente… Durante la semana en que estuve allí asistí a el estreno (¡mundial!) de los cortos que las y los niños habían guionizado y grabado. Algunas familias acudieron a la premier.

20170607_143354.jpg
El estreno de los cortos grabados por el alumnado

Durante el desarrollo del proyecto el equipo educativo se reúne periódicamente y evalúan diferentes aspectos: qué retos hemos propuesto, qué les ha interesado más, qué aprendizajes han interiorizado, etc.

DSC01212.JPG
El proyecto de las arañas

Se trata, además, de aprovechar lo cotidiano como oportunidad educativa. Uno de los días que estuve allí alguien preguntó qué había en el cielo. En el círculo de ese día, después de las merienda, hablaron del tema y las y los niños iban nombrando objetos celestes mientras la maestra los anotaba: atmósfera, galaxia, sol… cada cual esperaba su turno y añadía algo a la cartulina. Más tarde, en el atelier, dibujaron un mural.

20170607_141536
Lista de cosas en el cielo
20170609_134340.jpg
Un mural de cosas en el cielo

La comida y la merienda son una oportunidad excelente para trabajar la autonomía. Profesorado y alumnado comen al mismo tiempo, la misma comida y en las mismas mesas. La comida se pone en el centro de las mesas y las y los niños se sirven. Nadie está obligad@ a comer, aunque sí deben permanecer en el comedor durante el tiempo de comida (en torno a las 11,30 am) y merienda (en torno a las 14 pm).

DSC01196.JPG
El comedor del piso superior

¿Y funciona?

Es pronto para saber en qué medida la pedagogía feminista contribuye a educar personas más libres de prejuicios. Un reciente estudio sobre el tratamiento del género en escuelas infantiles se preguntaba por los efectos de la pedagogía sensible al género sueca. Trataban de averiguar en qué medida las preferencias de género (prefiero juntarme con chicos o chicas, prefiero hacer cosas de chico o de chica), los estereotipos de género y la codificación automática de género (ese  es chico, esa es chica) funcionaban en niñas y niños educados con esta pedagogía basada en “evitar el lenguaje generizado tanto como sea posible, modificar cuentos y canciones para no reforzar estereotipos de género y estructuras familiares tradicionales y evitar algunas conductas tradicionalmente dirigidas a un género”. El artículo concluye que las prácticas que tienden a neutralizar el género podrían reducir el favoritismo de género y los estereotipos, lo cual contribuiría al éxito escolar.

Ahora bien, no podemos dejar esta responsabilidad en manos de la escuela. Las y los niños aprenden las categorías de género durante todo su proceso de socialización y a través de diferentes agentes y contextos: familia, medios de comunicación, lecturas, parques, patios, etc. La escuela por sí sola no puede modificar un sistema sociocultural tan arraigado como el patriarcado. Puede, eso sí, dar algunas herramientas.

20170605_134856.jpg
Dos niñas fabricando pelucas para los peluches en el atelier

NOTAS AL PIE:

(1) Sobre los mandatos de género escribe Marcela Lagarde: ” Los mandatos de género, aquellos que el sistema patriarcal establece como tales, alimentan al orden social. Los mandatos de género se traducen en roles desiguales, en paradigmas de obligado cumplimiento y bajo el tránsito de lo simbólico, haciéndose piel. Haciendo que los papeles asignados, el lugar asignado, las emociones permitidas, las sensaciones prohibidas y las identidades transgresoras sean artificios de quienes somos y por qué estamos aquí. Así, las mujeres debemos convertirnos en paladines de la feminidad, por tanto, cumplir todos y cada uno de los estereotipos, cumplir los roles, cumplir con la sumisión, con la debilidad, con ser para “el otro”, con estar para cubrir necesidades de los “otros”, etc…

(2) La coeduación va más allá de la escuela mixta. Coeducar no es sólo educar conjutamente a niños y niñas, es también educar de forma consciente y activa contra los estereotipos de género.

(3) Habrá quienes digan que no hay jerarquía sino complementariedad: somos diferentes, sí, pero nadie dice que “lo azul” sea mejor que “lo rosa”, cada un@ cumple su papel y así todo el mundo se realiza. Este es un viejo discurso patriarcal que reviste muchas formas. Lo cierto es que ese supuesto papel “natural” es una imposición cultural, y evidencia de ello es el castigo para quien transgrede la norma (en forma de burla, rechazo, acoso, agresión, etc.). Por otro lado, basta revisar datos relativos a la brecha de género (por nombrar uno de los múltiples aspectos) en cualquier ámbito para comprender cómo pertener a la caja rosa sigue poniéndonos en situación de deventaja. Lo “femenino” es menos valorado socialmente que lo masculino, lo cual se evidencia en la división sexual del trabajo: lo productivo es masculino, lo reproducitvo femenino; lo primero es valorado y pagado, lo segundo o no se paga o, cuando se hace, constituye uno de los sectores laborales más precarizados.

 

Anuncios

One thought on “Egalia: una escuela infantil para la igualdad de género.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s