«La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer no por ella misma, sino en relación con él. A la mujer no se la considera un ser autónomo (…). Ella se determina y se diferencia con relación al hombre. Lo opuesto no es válido: ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, el Absoluto: ella es la Alteridad» (El segundo sexo, Simone de Beauvoir).
Esa alteridad, ese ser «la otra», es el lugar que el patriarcado ha diseñado para que en él habiten quienes no encajan en el patrón normativo del varón blanco heterosexual de clase media/alta. Es un habitáculo realmente estrecho e incómodo; limitante.
Quiero hablar sobre iniciativas educativas (o de otro tipo) que contribuyan a buscar huecos, trampillas, escaleras… para salir, colectivamente, de la caja.